Solidaridad con el pueblo Haitiano por su soberanía y justicia

Amigos de la Tierra América Latina y el Caribe (ATALC) se solidariza con el pueblo haitiano, ante la violencia, inestabilidad e incertidumbre social ocurrida en las últimas décadas y acrecentadas con los riesgos de intervención extranjera generados por el asesinato del presidente Jovenel Moïse, quien se había mantenido en el poder de una manera violenta e ilegal ya que su mandato constitucional finalizo en el pasado 7 de febrero 2021.

Desde hace meses, Haití vive una espiral de violencia que busca frenar y reprimir las luchas populares que se han mantenido de forma permanente y pacífica durante los últimos 4 años. Según organizaciones locales y organismos internacionales:

  • La organización de derechos humanos haitiana Défenseurs Plus afirma que se registraron más de 1.000 secuestros en todo el 2020.
  • La Red Nacional de DDHH de Haití (RNDDH) denuncia 12 masacres.
  • Más de 150 personas fueron asesinadas y otras 200 secuestradas entre el 1 y el 30 de junio pasado en la zona metropolitana de Puerto Príncipe, reveló un informe reciente del Centro de Análisis e Investigación en Derechos Humanos (CARDH).
  • Se han identificado más de 76 grupos armados y 500.000 armas ilegales denunciadas por la CNDDR, Comisión Nacional de desarme, desmantelamiento y reitengración.
  • Cálculos de Unicef y de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) estiman 10.000 personas desplazadas por enfrentamientos. Según la organización Noupapadomi, 214 niños han quedado huérfanos por masacres en barrios populares.

A estas cifras se sumaron recientemente 17 nuevos asesinatos en el distrito de Delmas 32, entre las víctimas se incluyen periodistas y líderes sociales.

Con el deterioro de la situación sociopolítica, los grupos más vulnerables tendrán dificultades para satisfacer sus necesidades básicas, con el riesgo de enfrentar una crisis mayor a la ya generada por las sucesivas crisis y la pandemia. Actualmente Haití es el único país de la región donde no hay programa de vacunación contra el COVID 19.

Los sectores progresistas y populares haitianos denunciaron hace mucho el riesgo latente de una nueva ocupación militar avalada por organismos internacionales. Asimismo reclaman organizar un período de transición de por lo menos dos años que permita restaurar la legalidad constitucional, reorganizar el sistema electoral y responder a la masificación de la pobreza y el grave deterioro de las condiciones de vida de la población, salir del neoliberalismo y definir un nuevo pacto nacional de desarrollo que sea el resultado de un amplio proceso de concertación.

La grave situación que vive el pueblo haitiano hoy exige un cambio radical de la política de las agencias internacionales hacia Haití, que detenga el ataque a los derechos de los pueblos y sus derechos humanos. Nos oponemos a cualquier intento de manipular la transición mediante el injerencismo, la ocupación y las medidas represivas y violentas.

Manifestamos nuestra solidaridad internacionalista y nos mantenemos en alerta ante el devenir de los acontecimientos en Haití y llamamos a las organizaciones y movimientos sociales de América y otras partes del mundo a sumarse a las demandas del pueblo haitiano construyendo solidaridad activa en torno a la justicia y la soberanía de los pueblos.

Amigos de la Tierra América Latina y el Caribe (ATALC)

Julio de 2021

 

SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO HAITIANO

#HaitíLibre con soberanía y justicia

Más informacion www.atalc.org

Solidaridad con el pueblo cubano en defensa de su soberanía

Solidaridad con el pueblo cubano y defensa de su soberanía

Amigos de la Tierra América Latina y el Caribe (ATALC) manifiesta una vez más su solidaridad con el pueblo cubano, en momentos de grandes dificultades que se exacerban diariamente tras el brutal bloqueo impuesto por el gobierno de los Estados Unidos. Si bien este tipo de política criminal contra Cuba ha tenido consecuencias nefastas durante los años de su imposición, en la actualidad, ante la pandemia de COVID-19, se constituye como una violación flagrante de los derechos de los pueblos y sus derechos humanos.

Aún cuando la gran mayoría de los países del mundo que integran la Organización de Naciones Unidas (ONU) han votado por la finalización del bloqueo, el imperialismo mantiene su estrategia de desestabilización asfixiando al pueblo cubano con las restricciones que impiden que a la Isla lleguen insumos básicos para la garantía de la vida, incluidos los elementos sanitarios fundamentales para enfrentar la pandemia de COVID-19 y sus mortales efectos.

Es bien conocida la estrategia que el neoliberalismo desarrolla contra Cuba, de la que hacen eco los gobiernos arrodillados al mandato estadounidense, que hoy utiliza los medios masivos de comunicación y las redes sociales para diseminar con efectos más destructivos la doctrina de odio contra cualquier forma de pensamiento y construcción política contraria a la acumulación de unos pocos y miseria de las mayorías. Todo ese despliegue de barbarie garantiza la concentración de poder de las empresas transnacionales y las élites nacionales e internacionales, bajo el modelo neoliberal agonizante y que los pueblos soberanos han desnudado a través de los levantamientos sociales y los cambios estructurales que alientan y siguen propiciando en América Latina y el Caribe y en otras partes del mundo.

 

Ante los estallidos sociales, la retoma del poder por parte de fuerzas políticas que intentaron ser aniquiladas con golpes de Estado, victorias electorales de fuerzas progresistas, cambios constitucionales que derrumban las dictaduras que impulsaron la imposición neoliberal en la región, sostenimiento de modelos políticos soberanos, se desarrolla una nueva ofensiva del neoliberalismo para retomar controles geopolíticos -con una marcada escalada en el Caribe y en Mesoamérica- con acciones simultáneas y orquestadas.

Ante la grave amenaza que esta nueva arremetida imperial representa, ATALC invita a los movimientos y organizaciones sociales a manifestar activamente su solidaridad internacionalista con el pueblo cubano y con todos los pueblos que son objeto de la aplicación de doctrinas que nos recuerdan los episodios más oscuros del pensamiento y acción de los totalitarismos en la historia de la humanidad.

Nos oponemos vehementemente a los intentos de desestabilización mediática y a las narrativas injerencistas que a partir de los discursos de “ayuda humanitaria” disfrazan las pretensiones de militarización y violación de la soberanía de los pueblos y su autodeterminación.

Amigos de la Tierra América Latina y el Caribe (ATALC)

Julio de 2021

Más informacion www.atalc.org

La deuda desde una perspectiva ambiental

Desconocer los límites materiales y energéticos del mundo que habitamos y los cuerpos que nos cuidan, es suicida. Sin embargo, las sociedades que habitamos están construidas a espaldas de las bases materiales que sostienen la vida. El modelo extractivo y de producción y consumo que las sostiene es incompatible con la regeneración de la vida.

En la contradicción entre el proceso de acumulación del capital y los cuidados básicos necesarios para la supervivencia, generamos una cultura que desvaloriza tanto el trabajo de reproducción y cuidados como la existencia misma de la naturaleza, generando una invisibilización de ambas. Sin embargo, se continúan desarrollando intensivos procesos colonialistas y extractivistas de las mujeres y la naturaleza. Como resultado existe una tensión constante e irresoluble entre el capital y la vida, la cual siempre está bajo amenaza.

La deuda se convierte en una herramienta de esclavización individual y colectiva, en una herramienta de disciplinamiento de las mujeres y disidencias, pero también de los territorios completos. Así resulta encontrarse en la base de un extractivismo que saquea bienes comunes para pagar una deuda al desarrollo.

Es en este sistema donde se generan los mecanismos de deuda externa de países soberanos, pero también existe una deuda ecológica, invisibilizada,  que no es más ni menos que la importación de bienes comunes, energía y servicios necesarios para mantener una calidad de vida ostentosa de los sectores dominantes, expoliando a los sectores menos poderosos. Sin embargo, con la generación de deuda externa, el poder económico reclama la devolución de una deuda monetizada, a quienes debe una cuantiosa deuda en bienes comunes indispensables para la vida… ¿Quién debe a quién? 

Existe al interior de las sociedades otra deuda también invisibilizada:  así cómo se hace un análisis de la deuda ecológica, se puede llegar a visibilizar una deuda de cuidados resultado del desigual impacto que tiene la división sexual del trabajo entre los varones y las mujeres. 

Argentina se encuentra en un proceso de reestructuración de deuda pública en un contexto único de pandemia. Si bien la deuda en Argentina es estructural, entre 2015 y 2019 la colocación de deuda sufrió un récord de más de 159.000 millones de USD. Debemos USD 7300 por habitante. Es difícil de comprender cómo un país con tantos bienes, capacidades, potencialidades y extensión como Argentina enfrenta una deuda impagable a más de 100 años, una deuda intergeneracional con la que nacerán nuestros descendientes por varias generaciones. Esta deuda tiene responsables políticos que deben ser investigados.

La deuda  pública siempre se traduce en ajustes que finalizan derramando hacia abajo, generando más precariedad en las clases populares por ausencia del Estado y fuentes laborales dignas, con serias falencias en lo relativo a la vivienda, la tierra, educación, la alimentación y la salud. Desde la deuda macroeconómica hacia la deuda microeconómica, el endeudamiento de los núcleos familiares, termina funcionando como un gran impulsor de la privatización, y la posterior mercantilización y consecuente financiarización de los bienes comunes, generando un nuevo tipo de  extractivismo: el  financiero (ganancias especulativas extraídas de las clases populares) que se vincula a los históricos extractivismos de bienes comunes, mal llamados recursos naturales,  en los territorios.

Los organismos financieros internacionales y las empresas transnacionales no están en cuarentena y siguen operando aún en pandemia; Profundizan nuestro rol de sociedades exportadoras de naturaleza. En nuestra región y también en Argentina el modelo productivista del desarrollo impuesto desde arriba hacia abajo se  naturaliza, así como la obligación de pagar la deuda externa sin una discusión pública y profunda acerca de su origen y su legitimidad.

La imposición de un relato extractivista y pagador no permite la democratización de las decisiones en los territorios. El pago de la deuda se vincula las exportaciones como generadoras de divisas, y las exportaciones al aumento del extractivismo en los territorios  para generar más commodities para el mercado internacional, cuyos ingresos no son suficientes para una economía en constante crisis que vuelve a endeudarse, en un ciclo sin fin de extracción y endeudamiento.

Cuando se utilizaba para fines desarrollistas, históricamente el préstamo público se redireccionó a mega proyectos vinculados a la extracción de bienes comunes, generando que tanto la deuda como otros mecanismos y herramientas de la arquitectura financiera internacional, como los tratados de libre comercio y los acuerdos resolución de controversias entre los inversores y el estado terminan siendo condicionantes estructurales de los modelos de desarrollo que necesitamos discutir democráticamente en nuestros países. Toda esta arquitectura global se vende como una falsa cooperación internacional donde la Lex mercatoria se encuentra por encima de los Derechos Humanos.

Autor: https://www.elsiglodetorreon.com.mx/

Actualmente existe una campaña multisectorial en la cual muchas organizaciones argentinas solicitamos la suspensión del pago para la investigación de la deuda. Se propone una campaña por la suspensión inmediata del pago de la deuda unido una simultánea realización de una auditoría con participación ciudadana para identificar y anular la parte ilegítima de la deuda, entendiendo a ésta como un mecanismo esencial de subordinación, reconociendo que fue contraída en contra de los intereses de la nación o de la població, que es injusta, inadecuada y abusiva.

El mismo Fondo Monetario Internacional reconoce que es imposible de pagar, y sin embargo concedió el préstamo.  Estos condicionamientos económicos  generan tensiones y contradicciones que claramente no pretenden ser abordadas y solucionadas, y nos hacen visualizar los límites de la democratización de las decisiones soberanas. Argentina nunca fue capaz de consensuar un modelo de desarrollo endógeno y popular, sino más bien siempre el modelo impuesto  benefició a las élites nacionales y sus socios internacionales.

Varias generaciones de argentinos y argentinas convivimos toda la vida con deudas, con crisis cíclicas y estructurales.  Pero a estos hechos históricos, ahora se le suma la crisis mundial provocada por la pandemia. Ni la crisis ni la deuda son únicas.  A esta deuda externa, debemos contraponer necesariamente la deuda ecológica de la que somos acreedores y la deuda interna de cuidados, de la que son acreedoras las mujeres y disidencias. Y a la crisis de salud debemos anteponer la crisis ambiental, social, climática, todas entrelazadas desembocando en una pandemia de la cual se analizan las consecuencias pero no las causas.

Actualmente en este contexto es necesario rediscutir esto una vez más para que las alternativas que parecen utópicas se vuelvan posibles. Una de ellas es el no pago e investigación de la deuda. Generando un nuevo ámbito para la disputa de imaginarios, para cambiar de la vieja normalidad de la precariedad y el ecocidio, a una nueva normalidad para la vida.

En medio de una grave crisis económica y social, agravada por la pandemia y la crisis sanitaria, es fundamental poner la prioridad en los intereses de las mayorías, no del capital financiero. La deuda es con el pueblo; especialmente con las mujeres y con la naturaleza.