Cómo la transición energética puede aterrizar en los territorios para aportar a la justicia climática

La actual crisis climática exige abandonar una matriz energética basada en combustibles fósiles y avanzar hacia una transición energética justa, capaz de reducir  las emisiones de carbono sin profundizar las desigualdades sociales. Sin embargo, la transición de hoy dista de ser justa. Mientras los países del Norte Global aceleran la incorporación de tecnologías de bajas emisiones, gran parte de los costos sociales y ambientales recaen sobre los territorios del Sur Global convertidos en proveedores de minerales estratégicos. 

Incorporar la Energía solar en la matriz energética es fundamental para alcanzar una transición justa que beneficie a todos/as.

Argentina ocupa un lugar central en ese esquema como exportadora de materias primas, especialmente el litio y el cobre. La extracción de estos minerales suele desarrollarse en  territorios cuyos habitantes enfrentan impactos socioambientales negativos, escasa participación en las decisiones sobre sus bienes comunes y una distribución profundamente desigual de los beneficios económicos generados. Así, el mismo modelo extractivista que abastece la transición energética global reproduce injusticias territoriales desde hace décadas. 

Mientras algunos territorios incorporan energías renovables y nuevas tecnologías, otros continúan atravesados por la pobreza energética o incluso la ausencia total de acceso a la electricidad. Sin energía no sólo se restringe la vida cotidiana: también se limitan las posibilidades de producir, estudiar, organizarse y construir capacidades locales para protagonizar una transición energética verdaderamente justa y popular. 

Injusticia energética y territorial en el Delta

La desigualdad energética se reproduce en muchos lugares de Argentina, incluso a pocos kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, en el Delta del Paraná. Dentro de las Islas del Delta, en el Arroyo Anguilas, la comunidad permanece sin energía eléctrica debido a que nunca instalaron los cables de alta tensión. La razón no fue técnica, sino política. Desde hace casi dos décadas el territorio se encuentra atravesado por una disputa entre sus pobladores históricos y una empresa que intentó desarrollar allí un megaemprendimiento inmobiliario.

Izq: Impactos ambientales de Colony Park. Der: Acciones de la comunidad isleña para remediar el ambiente luego del movimiento de tierras. FOTO: Archivo Tierra Nativa

La disputa territorial comenzó con el proyecto “Colony Park” que impulsaba la construcción de un barrio cerrado de 300 hectáreas, en pleno corazón de la primera sección de las islas del Delta del Paraná. Durante 2007, se inició la primera etapa de construcción del “Colony Park”, desalojando familias isleñas. Este proyecto es ilegítimo porque implica adueñamiento irregular de bienes que constituyen patrimonio nacional como son los lechos de ríos navegables internacionales. Asimismo, vulnera el derecho posesorio de familias isleñas, legítimas habitantes. 

En 2010 llegó el fallo judicial que frenó la obra. El proceso de construcción se detuvo y paulatinamente las familias regresaron a sus hogares, con la idea de una retomada colectiva que le diera al territorio el status de Reserva Comunitaria Isleña. En ese entonces, se conformó la Cooperativa Junquera isla Esperanza, con el fin de brindar trabajo digno a los y las miembros de la comunidad, dedicada a pesca artesanal, apicultura, cultivo de frutales, y extracción de junco y su tejido. Presentaron su proyecto al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), que proporcionó recursos para armar un galpón donde producir abejas y semillas.

La victoria fue emblemática: un grupo de familias isleñas había frenado un mega emprendimiento inmobiliario avalado por organismos estatales. El problema fue que el impacto ambiental ya era profundo y la amenaza persistía. Mientras la causa era apelada y traspasada en tribunales, quedaba pendiente negociar la remediación ambiental, y los isleños fueron atacados, tal así que un día el galpón de la cooperativa sufrió un incendio intencional. Tras el incendio, los isleños junto a académicos, miembros de organizaciones socioambientales e interesados en la causa, formaron el Observatorio de Humedales del Delta, para investigar los daños ambientales generados por Colony Park, las formas de remediación y los modos de enriquecer la producción sustentable en sintonía con la naturaleza del Delta.

Naturaleza, tecnología y trabajo comunitario.
Inicio de la instalación solar en la Escuela Don Legui. FOTO: Paula Verón

Apostando a una transición justa, popular y feminista

En 2016, desde Tierra Nativa  / Amigos de la Tierra Argentina, nos sumamos a este espacio de defensa territorial, apoyando a la Vía Campesina y otras organizaciones/as y académicos aliados/as con el fin de colaborar con el arraigo territorial y la seguridad de la población isleña. Una de las grandes necesidades era la falta de energía en la zona. Pese al reiterado reclamo de la cooperativa a la empresa EDENOR, ésta continuaba sin  proveer energía a las familias. En 2019, con un pequeño subsidio otorgado por Global Greengrants Fund (GGF), instalamos de forma colectiva paneles solares en la cooperativa Isla Esperanza, colaborando con el espacio de trabajo de los y las junqueras, 15 familias isleñas, y 80 personas que asistieron a las capacitaciones y talleres.

La energía obtenida continúa utilizándose al día de hoy, tanto para la conectividad digital, como también para equipos de riego, herramientas para trabajar la madera, el mimbre, el junco, y para la producción apícola, pecuaria y agrícola. Además, es utilizada para iluminar gallineros en invierno, para poner en marcha instrumentos informáticos y audiovisuales que  permiten talleres y espacios de formación comunitaria.

Gracias al esfuerzo de todo el colectivo, se logró realizar una instalación solar en un espacio de disputa por la tierra, de resistencias  en un espacio despojado y atacado. Para Pedro, cuya familia vive hace varias generaciones en el Delta, la energía solar fue sustancial: “la energía solar me cambió la vida” dice. “Acá nunca hubo luz, pasaban los palos pero la luz para nosotros no vino nunca” describe Pedro. “La luz que pasa por acá va a un country, ellos tienen luz, nosotros no (…) todo el Delta tiene luz nosotros no, por el conflicto por Colony Park” 

Taller comunitario en la naturaleza.
Talleres e instalación colectiva de paneles solares. FOTO: Johanna Ansiporovich.

Las tierras, donde se desempeña la cooperativa, son de uso colectivo y se gestionan bajo la forma de reserva comunitaria isleña. Los trabajos avanzaron desde la formación de la cooperativa y se sumó a las numerosas iniciativas la escuela popular “Don Legui”  inaugurada en 2025. Un espacio de formación que busca promover el intercambio de conocimiento y poner en valor los saberes tradicionales de las islas.

La escuela “Don Legui” tampoco tenía instalación eléctrica, por lo que surgió un nuevo desafío para la comunidad. A partir de la experiencia previa, se conformó un grupo de trabajo tripartito integrado por miembros de la cooperativa e isleños/as involucrados en la energía solar, miembros de Tierra Nativa y un grupo técnico de instaladores/as solares.  Presentamos un subsidio a la Fundación Honnold para financiar la instalación de un sistema fotovoltaico y una vez aprobado el subsidio planificamos y llevamos a cabo talleres participativos para brindar energía al espacio. 

Para Darío, uno de los técnicos del equipo “el trabajo consiste en colocar 4 paneles solares, con su inversor y baterías para la escuela, pero más allá de lo técnico, la parte social es lo lindo de este proyecto. Poder colaborar con gente que no tiene luz eléctrica en 2026 es impensable, pero, es. No hay luz eléctrica¨

Reunión sobre energía solar y comunidad
Debate sobre la matriz energética e instalación de paneles solares. FOTO: Johana Ansiporovich.

Durante los talleres, nos propusimos no sólo realizar una instalación solar de manera colectiva, sino comprender en profundidad qué es la energía solar y cómo se inserta en la matriz energética de nuestro país. Esto se debatió en los talleres participativos donde también discutimos sobre el cuidado comunitario de la instalación de la escuela y ubicar el modo de vida isleño en el debate de la transición energética.

En los talleres también discutimos sobre crisis climática dentro del paradigma de las responsabilidades comunes pero diferenciadas: todos podemos tener energías renovables, pero aún así los grandes contaminadores deben hacerse cargo, como caso emblemático recordamos juntos/as el Día de acción contra Chevron, una empresa responsable de emisiones y contaminación a nivel global.

También pensamos la transición energética dentro de un marco de justicia social, ambiental, económica y de género, reflexionando sobre los principios para una transición energética justa y feminista.

Al finalizar 3 jornadas de trabajo, quedó instalado un sistema fotovoltaico completo en la Escuela Don Legui. En ellas, un grupo de 40 personas participaron no sólo para colaborar con esta tarea, sino para aprender sobre energía solar para sus propios hogares, ya que muchos/as isleños/as  no cuentan con energía, o tienen problemas de abastecimiento.

Actividades comunitarias y artesanías locales
Actividades productivas de la Cooperativa Isla Esperanza y finalización de los talleres con entrega de certificados en la Escuela Don Legui. FOTO: Fernanda López, Natalia Salvático, Coop. Isla Esperanza.

Entrevistamos a Diego y Gabriela, integrantes de la cooperativa y co-organizadores: ¨10 años después del primer proyecto se dio la posibilidad de presentar un nuevo proyecto para la provisión de energía solar. Estamos muy contentos, tenemos luz y seguimos construyendo¨  afirma Diego. Para Gabriela, va más allá de la energía; ¨Este espacio está en disputa, más allá del acceso a la luz en sí misma, es necesario contar con la articulación con otros, que se acerca a los humedales con el interés de preservarlos¨

En un territorio donde el acceso a la energía fue históricamente negado por un conflicto por la tierra, cada panel solar instalado representa mucho más que electricidad. Significa fortalecer la organización comunitaria, ampliar las posibilidades de producir, enseñar y encontrarse. En tiempos atravesados por la crisis climática y el avance de modelos cada vez más individualistas, la experiencia de la Reserva Comunitaria Isleña demuestra que la transición energética puede construirse desde abajo, con participación, solidaridad y justicia territorial. Porque la justicia climática también consiste en garantizar que quienes más cuidan los territorios tengan acceso a la energía necesaria para vivir y sostener esos modos de vida. 

Grupo apoyando energías renovables y justicia
Participantes del primer taller. FOTO: Johana Ansiporovich.

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