Exigimos respeto al pueblo Hondureño

Compartimos el comunicado desde el Comité de solidaridad con Honduras, una confluencia de organizaciones que observan y denuncian las violaciones a los Derechos de los Pueblos en el país mesomericano,  Existe una alerta de escalada de la violencia previa a las  elecciones del 28 de noviembre. Nos sumamos a la solidaridad internacionalista en la defensa de los pueblos garífunas, campesinos e indígenas, y todes los que luchan por la democracia y la dignidad en Honduras.

Denunciamos la violación de derechos humanos y de los pueblos en Honduras y exigimos garantías ante el próximo proceso electoral

Ante la estigmatización, xenofobia, criminalización, desplazamientos, desapariciones forzadas, persecución y asesinatos que se viven en Honduras y que se exacerban brutalmente día tras día, las organizaciones firmantes exigimos el respeto al pueblo hondureño. 

Estas nefastas circunstancias y violaciones permanentes no son ajenas para la comunidad e instituciones internacionales; instancias como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), así como diversas organizaciones internacionales, los últimos años han recibido numerosas denuncias y emitido comunicados resaltando la situación del pueblo de Honduras.

Conocedoras/es de las experiencias electorales que el país mesoamericano ha vivido en el pasado reciente, exigimos transparencia en el proceso electoral que se desarrollará en el mes de noviembre y que se da bajo un escenario viciado y profundamente anti-democrático, signado por la violencia contra las/os opositores/as, incluyendo agresiones patriarcales  a mujeres políticas y jóvenes, que incluyen femicidios, leyes anti-protesta, e impunidad como la que reina frente a los coautores del crimen de Berta Cáceres; la campaña sistemática contra Olivia Zúñiga, la hija de Berta,  defensora de los DDHH que denunció valientemente el crimen de la estudiante de enfermería Keyla Martínez (quien fuera asesinada en una celda policial por las mismas autoridades),y también la impunidad alrededor de la desaparición forzada de los compañeros garífunas del Triunfo de la Cruz, quienes reclamaban el cumplimiento de la sentencia de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), que ordena la restitución de sus tierras ancestrales.

Todas estas atrocidades tienen lugar en un marco de profunda explotación territorial, de defensores/as de territorios judicializados/as y empresas trasnacionales violando los derechos de los pueblos y menoscabando los derechos territoriales y ambientales, respaldadas por el gobierno que utiliza a las fuerzas armadas del Estado para silenciar a la oposición y los procesos de resistencia y defensa frente al despojo.

Por todo lo mencionado,  llamamos al gobierno de Honduras al cese de la violencia contra el pueblo hondureño y condenamos la represión desatada por el ejército y la policía en contra de defensores/es de los derechos de los pueblos y sus territorios. Nos sumamos a la solidaridad internacionalista con las mujeres, campesinos/as, indígenas, garífunas,  los campesinos/as de Guapinol, el Comité de Bienes Comunes de Tocoa y la  Plataforma Agraria, y nos mantenemos alertas a los próximos acontecimientos que ocurran en el mes de noviembre, invitando a más organizaciones a pronunciarse contra este proceso electoral antidemocrático.

Comité de Solidaridad con Honduras, noviembre de 2021.

Transición justa y feminista, qué es y cómo la lograremos

En la actualidad existe una demanda muy fuerte por parte de las organizaciones, movimientos socioambientales y la población en general, sobre la impostergable transición de un sistema energético “sucio” a uno “limpio” con soberanía energética, y esta necesidad ya deja de ser invisible para los gobiernos. Pero esto también debe ser justo.

Amigos de la Tierra llama a una transformación radical del sistema energético actual responsable por la crisis climática. Un sistema dominado por las transnacionales que sólo persiguen ganancias inmediatas. El mismo se caracteriza por generar injusticias, violar los derechos de los pueblos, y destruir los territorios y medios de sustento. La injusticia se hace visible y reproduce de distintas maneras. Por un lado, el sistema energético dominante no es capaz de garantizar el Derecho Humano a la energía eléctrica, al tiempo que destruye los sistemas alimentarios locales, la biodiversidad, los ríos, amenaza la salud de las comunidades y avanza en la privatización de la naturaleza. Por otro, las grandes transnacionales son las responsables de la crisis climática, al igual que el 10% más rico de la población que es responsable de aproximadamente el 50% de las emisiones. El poder de las transnacionales y el auge del neoliberalismo, ha llevado además a la privatización de la energía y al desmantelamiento de los derechos de la clase trabajadora. La clase trabajadora ha luchado históricamente contra la privatización de la energía y para que la misma sea reconocida como un derecho y no se transforme en mercancía, y se ha comprometido también en la lucha contra los impactos que el sistema tiene en muchas comunidades y territorios. El movimiento por la justicia ambiental ha sabido oponerse a proyectos energéticos destructivos, al tiempo que defiende también el derecho a la energía y el derecho de las comunidades y de las/los trabajadores/as.

Hoy está claro que es necesaria una transición justa de forma urgente, que permita acabar con la dependencia de los combustibles fósiles y garantizar derechos. Una transición que no significa tan sólo un cambio de matriz y de fuentes, sino que requiere una mirada integral sobre la propiedad y control público de la energía, ya sea en manos del Estado, municipios o cooperativas. La democratización del sistema energético debe llevar a garantizar derechos fundamentales, de los pueblos indígenas, afrodescendientes, campesinos, pescadores, de las y los trabajadores y  las mujeres. Las preguntas fundamentales de qué forma producir la energía, cuánto producir, para qué y para quién deben ser respondidas por los pueblos para alcanzar la soberanía energética.

Es hora de que el sistema energético en manos públicas ponga en el centro la sustentabilidad de la vida. No se trata tan sólo de seguir denunciando los impactos perversos y las violaciones de los derechos de las mujeres por un sistema que explota el trabajo y el cuerpo de las mujeres, las expulsa de sus territorios, se apropia de y destruye sus medios de sustento, atenta contra su salud y la de sus comunidades, sino que hay que luchar para que las mujeres seamos reconocidas como sujetos políticos de la soberanía energética. Las mujeres debemos jugar un papel fundamental en definir y decidir sobre las características del proceso de  transición y el nuevo sistema energético que queremos construir. 

Debemos descolonizar el sistema energético, lo que significa devolver soberanía a nuestros pueblos y reconocer la responsabilidad histórica diferenciada y la deuda ecológica y climática que este sistema ha generado. La hoja de ruta hacia una transición justa debe partir de la unidad de las luchas por la defensa de la democracia y  contra las transnacionales y el neoliberalismo . Esta unidad se ve claramente reflejada en la solidaridad internacionalista como la que fortalecemos para hacer frente al autoritarismo, el racismo y el fascismo.

Asimismo es necesaria una visión regional de la transición, que conlleva una apuesta a consolidar los perfiles nacionales, a la evolución tecnológica apropiada, Innovación local, a la transformación y actualización de la infraestructura energética, pero todo ello sin descuidar a las comunidades locales y su derecho de consulta libre, previa e informada.  Podemos concebir la energía como un bien común estratégico renovable, sustentable, público, social y descentralizado. Sudamérica tiene un gran potencial para energías renovables, sin embargo persiste una lógica mercantil aún en los proyectos de energías renovables en nuestra región, por lo que tenemos que evitar la posibilidad de una transición energéticamente mercantilizada. Por ejemplo, con la relevancia en el contexto actual del almacenamiento de energía, que la región sea contenedora de las reservas más grandes accesibles y rentables de litio no es una cuestión menor, pues podría significar una oportunidad para aprovechar las capacidades regionales y consolidar una industria energética para la satisfacción de necesidades socialmente validadas del mercado interno o, en el caso contrario, nuevo capítulo de sometimiento a las grandes trasnacionales, mediante la preocupante tendencia a la concentración que observamos en la actualidad, donde nuestro país y la región subsidiaría las transiciones del norte global.

La transición debe incluir la lucha contra un sistema controlado por esas transnacionales, injusto, que atenta contra los derechos de los pueblos, y debe ir de la mano del desmantelamiento del neoliberalismo y de la profundización de la democracia. No podemos permitir que las empresas trasnacionales continúen controlando el sistema energético. Nuestra lucha por la soberanía energética requiere la unidad y una articulación cada vez más fuerte con los pueblos y comunidades que sufren las violaciones y amenazas perpetradas por las grandes empresas del sector energético, aportando cada movimiento desde sus capacidades en la construcción colectiva. 

En Tierra Nativa – Amigos de la Tierra Argentina, creemos que la transición energética justa y feminista no está aislada, debe caminar de la mano de otras transiciones y transformaciones en ámbitos diversos, como el alimentario, el económico, e incluso el político. Es imperante transicionar hacia la formas de ejercicio de la territorialidad en detrimento de las relaciones de dominio verticales que imponen los actuales sistemas productivos y de especulación. Es importante que pensemos cuántas y cuales transiciones hay en gestación y en proceso, y apoyarlas.

Las transiciones tendrán que dar respuesta a las crisis globales superpuestas, a la que se suma el covid 19 como último emergente de un sistema obsoleto, incluyendo la enorme e invisible crisis de los cuidados, que la pandemia visibilizó a la población, y resolviendo también en simultáneo la crisis climática, aplicando el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, alejándonos de una economía dependiente de los combustibles fósiles, cambiando el sistema energético por uno renovable, democrático, que garantice el acceso para todos/as. No podemos esperar que la crisis termine, tenemos que actuar ahora, fortaleciendo una visión feminista sólida para la transición justa hacia una “nueva normalidad” que no sea más de la misma normalidad que teníamos, una normalidad racista, neocolonial, patriarcal, violenta y ecocida.

Es fundamental rescatar la idea de una recuperación justa que sea social, ambiental, económica y de género, y construir iniciativas sustentables y emancipadoras, evitando que los gobiernos socialicen las pérdidas de las grandes empresas y garanticen entre otros el derecho a la energía a toda la población. La transición se convierte así en una oportunidad para re-establecer una buena parte de los cimientos de la sociedad post pandemia. 

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A fines de 2020, 100 activistas de la federación Amigos de la Tierra Internacional de todos los rincones del mundo nos reunimos con organizaciones aliadas en una serie de seminarios virtuales para analizar qué significa una Transición Energética Justa desde una perspectiva feminista, realizamos un documento que refleja nuestra visión colectiva sobre la Transición Energética Justa, tal como debatieron las/os participantes, y puede ser consultado en el siguiente enlace:

https://www.foei.org/es/recursos/si-no-es-feminista-no-es-justa

Jeringas para Cuba: la solidaridad vence al bloqueo

En medio de una crisis de salud que afecta a la humanidad, Cuba está a punto de poder inmunizar a todos sus habitantes con sus propias vacunas. Ha desarrollado cinco candidatos vacunales para enfrentar el covid-19:  dos de ellos, Soberana 2 y Abdala, se encuentran en tercera y última fase de ensayos clínicos, para convertirse así en las primeras vacunas de América Latina. El país caribeño estará en condiciones de producir suficientes vacunas para toda su población y para proveer a otros países que lo necesiten, pero hoy, elles necesitan de nosotres.

Para lograr inmunizar a más de 10 millones de habitantes, son necesarias jeringas y agujas, y el bloqueo impuesto por EEUU obstaculiza su adquisición.  Es por ello que se inició una campaña “LA SOLIDARIDAD VENCE EL BLOQUEO”, impulsado por MASCUBA (Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba) y URCA (Unión de Residentes Cubanos en Argentina), campaña que tiene réplicas en otros países del mundo.

El movimiento MASCUBA hace lleva a cabo la máxima de José Martí “Patria es humanidad”. Surge a partir del compromiso con los ideales revolucionarios y realiza numerosas acciones solidarias con el fin de romper el bloqueo económico que padece la isla desde hace más de 60 años. “La Solidaridad con Cuba, podría decirse que se remonta hasta antes del triunfo Revolucionario de enero de 1959, y en este contexto,  La Casa de Amistad Argentino Cubana de Buenos Aires ya lleva 35 años desde su fundación” nos cuenta Rubén Zaccaro, miembro de MASCUBA e impulsor de esta y otras acciones internacionalistas.

“Esta campaña de juntar jeringas y posteriormente enviarlas a Cuba, es la materialización de la solidaridad con el pueblo y el gobierno revolucionario de Cuba. Es una manera de romper el bloqueo. Lógicamente que la magnitud del envío no está en relación con la necesidad real del pueblo cubano, que necesita muchísimo mas de este envío, de todas maneras es una acción solidaria más que simbólica y en una pequeñita proporción, se demuestra que se puede lograr romper el bloqueo. Es una manera de mostrarle a nuestras autoridades, y cuando digo nuestras autoridades digo a todos los países, al menos de América Latina y el Caribe, cuyos gobiernos están en condiciones de hacer o tomar esta decisión política”

La Casa de la Amistad Argentino-Cubana realizará la logística de recaudación de fondos y posterior envío de los materiales médicos. La campaña ya comenzó con mucho éxito, con más de 120.000 jeringas compradas, y seguirá adelante luego del primer envío que será el 17 de mayo.

Mientras Cuba brinda a la humanidad su calidad humana, cultural y profesional, mediante profesionales de la salud e investigadores de excelencia, que resultan en misiones médicas y vacunas contra el COVID 19, entre otros aportes a la humanidad, es indispensable una reciprocidad de parte de los pueblos en clave de solidaridad internacionalista, exigiendo el fin del bloqueo y colaborando con todo lo que esté a nuestro alcance como sociedad organizada.

Para Rubén, el bloqueo también es mediático, y tenemos que salir al cruce de la desinformación: “Lo que puede hacer nuestro pueblo, nosotros, como militantes, como activistas, como ciudadanos comunes, es difundir lo que significa el bloqueo, es decirlo con toda claridad: Cuba puede hacer vacunas pero no tienen la posibilidad de comprar las jeringas, el insumo médico necesario para dotar de la vacuna a su población, lo va conseguir de todas maneras, con gran esfuerzo como hace 60 años viene haciendo el pueblo cubano. Así que una gran tarea es la difundir esto, hablar con el vecino, el amigo, el compañero: existe un bloqueo, el bloqueo es genocida, el bloqueo es un acto de guerra y hay que hacer conciencia, como muchas otras cosas (…) es una manera de llevar a la práctica el legado que nos dejara el comandante Fidel, de que “un mundo mejor es posible” y con esta voluntad, esta iniciativa de hacer una campaña de jeringas para Cuba, “la solidaridad rompe el bloqueo” estamos siendo militantes de que un mundo mejor es posible”

Desde Amigos de la Tierra Argentina, nos sumamos, invitamos y difundimos esta campaña, para que la solidaridad sea una realidad que derrote el bloqueo.

Los aportes se reciben en:

CUENTA COLECTA JERINGAS PARA CUBA

Banco CREDICOOP- CASA DE LA AMISTAD ARG CUBANA

Cta. Cte. 191-173-010100/3

CBU 1910173855017301010032

Enviar comprobante a casaamistadargentinocubana@gmail.com

Más información:

Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba (MASCuba)

https://www.facebook.com/MASCUBA

Casa de la Amistad Argentino Cubana @CasaArgenCuba

El racismo, otra razón para el urgente cambio de sistema

El reciente levantamiento del pueblo estadounidense por el crimen de George Floyd, asesinado por las fuerzas de seguridad, en particular por la policía, deja en evidencia la acumulación de siglos de violencia, discriminación e invisibilización, no sólo con la población afroamericana sino también,de la hispana e indígena.
En este contexto de crisis global generalizada y acentuada por la pandemia del Covid-19, esta situación se vuelve intolerable.

El racismo existe y se expresa en múltiples formas, ya sea aversivo, simbólico, etnocentrista o incluso biológico. En muchos casos se encuentra subyacente, y en otros tantos se tornan desgarradoramente explícitos en todo el mundo.El fenómeno del Covid 19,  ha develado  múltiples formasde opresión de  manera descarnada: el sistema patriarcal asesina una mujer cada 29 horas en nuestro país, la militarización sigue en ascenso en nuestra región y el ecocidio no se toma cuarentena: los crímenes ambientales se cometen con impunidad durante el aislamiento; ni los los desmontes,  ni la minería tampoco ni las fumigaciones cesan (Incluso aumentan desmedidamente)

En Argentina los crímenes raciales, la violencia policial y la discriminación por cuestiones étnicas son frecuentes. Entre los casos más recientes, conocimos el repudiable accionar de un grupo de 8 policías que asesinó a Luis Espinoza en Tucumán, y otro grupo policial que violentó salvajemente a una familia qom en Fontana, Chaco. 

Mujeres indígenas agrupadas en el Tejido de Profesionales Indígenas, afirman: “Estamos viviendo un etnocidio qom. Estamos siendo testigxs de un genocidio latente. Así como la policía de Estados Unidos asfixia y mata a George Floyd, en Argentina las fuerzas de seguridad estatal cambian de conducción pero no de prácticas. ¿Cómo le hacemos frente?

Golpear, sacar a la gente de los domicilios sin orden judicial, trasladarlos a un destacamento policial en Fontana, provincia de Chaco, cometiendo todo tipo de abuso de poder, ensañándose y ultrajando a mujeres indígenas y encima fumigarlas (vendrían a ser bichos?) con alcohol por el COVID19 es racismo institucionalizado.” 

El racismo agudiza la crisis provocada por el Covid-19 para los pueblos originarios: la inseguridad alimentaria aumenta, el acceso al agua es cada vez menor, la escasez de leña como combustible esencial para cocinar y calefaccionarse en invierno, la imposibilidad de trasladar insumos básicos y la discriminación en la atención médica e incremento de la violencia, se suman a las problemáticas persistentes en nuestro país, que no se reconoce plurinacional. 

Mientras exigimos investigación y condena de los responsables de tales crímenes, los medios de comunicación hegemónicos siguen invisibilizando sistemáticamente nuestros pueblos y sus diversidades; así como el sistema judicial  no observa con intransigencia dichos comportamientos, sino más bien que los desestima. 

Desde Amigos de la Tierra Argentina, sostenemos que reclamar justicia de forma colectiva es indispensable, solidarizarnos activamente fortaleciendo la organización popular hacia un cambio de sistema se vuelve insoslayable. No queremos volver a aquella normalidad donde existen poblaciones de segunda y tercera categoría. Para cambiar el sistema es necesario eliminar el racismo y toda forma de discriminación para siempre.