ACUERDO UNIÓN EUROPEA – MERCOSUR: Diálogos con Organizaciones Sociales

ACUERDO UNIÓN EUROPEA – MERCOSUR.

Diálogos con Organizaciones Sociales

¿Cómo abordan la resistencia a este acuerdo y cómo se vincula al trabajo que INCUPO viene realizando?

En primer lugar, si ustedes tuvieran la oportunidad de meterse, al menos en los borradores que andan dando vueltas, podrían ver que estos acuerdos son muy complejos: tienen como 1700 páginas, más de veinte disciplinas y cada uno de los capítulos lo arman equipos distintos, entonces seguir de forma exhaustiva este proceso es una tarea difícil. Nosotros recurrimos ahí a Luciana Ghiotto que junto con el colectivo al que ella pertenece hicieron una gran síntesis. Sin embargo,  como les decía, al ser documentos tan complejos, cualquier síntesis va dejando puntos débiles. En ese caso, priorizamos dos o tres temas fuertes que nos permitan generar mayor conciencia social acerca de lo que nos estamos enfrentando como pueblo y por otro lado, analizar cómo los actores que están más relacionados a la producción de alimentos puedan tener una acción más protagónica.

¿Qué análisis han hecho respecto de la actual situación del MERCOSUR como región y de la posibilidad de que este acuerdo se haga realidad?

Geopolíticamente, nuestra región del MERCOSUR hoy está en disputa por tres grandes potencias: Estados Unidos, China y la Unión Europea. Todas están operando para ver de qué manera van profundizando su intervención en el MERCOSUR como tal, y en los países en particular. Así que cada una de estas potencias, por decirlo de una manera, tienen un “proyecto de intervención”, ya sea a través de la inversión estatal, o publica, o sobre aquellos rubros en los que van a intervenir.
El problema nuestro en la región y en particular en la Argentina es que no tenemos un consenso sobre el modelo de desarrollo sobre el cual darle sentido a las negociaciones y a los acuerdos, como con el de la Unión Europea. En la mayoría de los países, especialmente en el nuestro, lo que te marca estos modelos son justamente poderes desde afuera y por desgracia, es el mismo modelo que se viene usando desde la colonia: Primarización de la economía, producción de commodities y acuerdos de libre comercio.

Entonces, un commodity es la producción de lo que nosotros en INCUPO llamamos “las proteínas vegetales para transformarlas en proteínas animales”. La carne pasó a ser un gran negocio a nivel global,  pero para poder producir esa carne necesitás productores de alimentos. Está asignado quién produce los alimentos: Estados Unidos el primer productor, Brasil el segundo y Argentina el tercero, a nivel mundial. ¿Qué producen?: soja, maíz, sorgo ¿Con qué objetivo? Alimento para la industria de la carne. Y esa carne tiene como destino a los países que la puedan pagar: China, India y todas estas economías emergentes que empiezan a cambiar sus dietas y a consumir carne a gran escala.

Esto directamente demuestra una debilidad estructural. Nos cuesta como región tener un modelo económico de desarrollo, porque no está consensuado. Y cuando hay bloques que se dedican a discutir en serio estos temas, luego se desarman por gobiernos neoliberales que imponen al comercio y al mercado global como centro de la economía.Se vuelve muy inestable y esto en gran parte es una de nuestras debilidades.

¿Qué cambios estructurales en nuestros pueblos y en su economía vendría a traer este acuerdo si finalmente, se aprobara?

Con respecto a los tratados de libre comercio, bueno, eso ya está instalado en Argentina. Hoy proveemos materia prima para la industria de la carne, la Unión Europea exporta sus producciones en la Argentina, en automóviles, por ejemplo. Es decir, no es algo que está por venir. Es algo que ya está sucediendo. El acuerdo lo que va a hacer es ponerle un marco legal distinto, donde lo que va generar en la región es que ese marco normativo sea supranacional, que no responda a los gobiernos nacionales, sino que esté supeditado a lo que establece la Organización Mundial del Comercio (OMC) como nos sucedió con los fondos buitres: que el que arbitra es otro Estado, por lo general Estados Unidos.

Entonces hay una trilogía que tiene que ser tomada en cuenta: 1 -La producción de monocultivos en determinados países, 2- las grandes cadenas de valor (esas materias primas que van a lugares donde se transforman en alimentos, que después van a otros países, siempre buscando aquellos lugares donde la mano de obra es más barata, o buscando los mejores escenarios impositivos) y 3- los tratados de libre comercio que son los que le dan el marco legal. Hay que analizarlo en estas tres dimensiones.

Como verán, esto ya está sucediendo, lo que falta es el tercer paso que es darle el marco legal.

¿Cómo podemos actuar hoy para concientizar y tomar acciones en conjunto sobre este acuerdo, si no está en agenda pública?

Si bien hay hechos algunos estudios de impacto, sobre todo en los dos rubros que son priorizados: cuestiones ambientales y de derechos humanos territoriales pero que tiene que ver con el derecho de los pueblos originarios, de las comunidades campesinas. No es una agenda que esté ni en los Estados del MERCOSUR, ni en la Argentina, pero tampoco en la de los partidos políticos.  ni de muchas organizaciones que representan a las agriculturas familiares. Y dentro de lo que es el Ministerio de Producción, está sometido a la presión de que el Estado necesita dólares, necesita de las exportaciones, de la megaminería, de la exportación de carne y en lo que se excusan es que no hay experiencias productivas alternativas que se puedan potenciar.

Entonces, eso nos deja una alta cuota de responsabilidad a las organizaciones sociales para que abordemos el tema, porque ya está claro que ni el sector político, ni el sector gubernamental, o quienes representan a la agricultura familiar lo tienen en sus agendas. . Entonces, nos deja una gran responsabilidad para ver cómo afrontamos el tema.

Nosotros estamos por un lado, tratando de armar con aquellas organizaciones con las que tenemos contactos, relaciones o alianzas, algunas  jornadas informativas en donde podamos relacionar lo que pueda significar la firma de este acuerdo con las realidades más próximas a lo que ellos pueden visualizar, lo que significa que aumente la frontera agropecuaria, lo que significa el empobrecimiento de los economías más territoriales el desafío que genera al incipiente avance de la agroecología y la agricultura familiar en el territorio; y que en aquello en lo que se puede avanzar que son los mercados de cercanía, están sumamente condicionados justamente por las normativas de este acuerdo?.

Por otro lado, tratamos de hacer alianzas estratégicas, entonces nos reunimos con diferentes colectivos de ambiente, territorio, sindicales y también con los formadores de opinión tanto establecimientos educativos en distintos niveles, debatiendo con una buena cantidad de jóvenes que tomen posturas sobre estos temas, y luego también con medios de comunicación, para ir proveyendo información local, experiencias. Nosotros decimos que para debatir estas problemáticas, tenemos que hacer un 20% de denuncia y comunicar un 80% sobre las alternativas que ya están funcionando.

La deuda desde una perspectiva ambiental

Desconocer los límites materiales y energéticos del mundo que habitamos y los cuerpos que nos cuidan, es suicida. Sin embargo, las sociedades que habitamos están construidas a espaldas de las bases materiales que sostienen la vida. El modelo extractivo y de producción y consumo que las sostiene es incompatible con la regeneración de la vida.

En la contradicción entre el proceso de acumulación del capital y los cuidados básicos necesarios para la supervivencia, generamos una cultura que desvaloriza tanto el trabajo de reproducción y cuidados como la existencia misma de la naturaleza, generando una invisibilización de ambas. Sin embargo, se continúan desarrollando intensivos procesos colonialistas y extractivistas de las mujeres y la naturaleza. Como resultado existe una tensión constante e irresoluble entre el capital y la vida, la cual siempre está bajo amenaza.

La deuda se convierte en una herramienta de esclavización individual y colectiva, en una herramienta de disciplinamiento de las mujeres y disidencias, pero también de los territorios completos. Así resulta encontrarse en la base de un extractivismo que saquea bienes comunes para pagar una deuda al desarrollo.

Es en este sistema donde se generan los mecanismos de deuda externa de países soberanos, pero también existe una deuda ecológica, invisibilizada,  que no es más ni menos que la importación de bienes comunes, energía y servicios necesarios para mantener una calidad de vida ostentosa de los sectores dominantes, expoliando a los sectores menos poderosos. Sin embargo, con la generación de deuda externa, el poder económico reclama la devolución de una deuda monetizada, a quienes debe una cuantiosa deuda en bienes comunes indispensables para la vida… ¿Quién debe a quién? 

Existe al interior de las sociedades otra deuda también invisibilizada:  así cómo se hace un análisis de la deuda ecológica, se puede llegar a visibilizar una deuda de cuidados resultado del desigual impacto que tiene la división sexual del trabajo entre los varones y las mujeres. 

Argentina se encuentra en un proceso de reestructuración de deuda pública en un contexto único de pandemia. Si bien la deuda en Argentina es estructural, entre 2015 y 2019 la colocación de deuda sufrió un récord de más de 159.000 millones de USD. Debemos USD 7300 por habitante. Es difícil de comprender cómo un país con tantos bienes, capacidades, potencialidades y extensión como Argentina enfrenta una deuda impagable a más de 100 años, una deuda intergeneracional con la que nacerán nuestros descendientes por varias generaciones. Esta deuda tiene responsables políticos que deben ser investigados.

La deuda  pública siempre se traduce en ajustes que finalizan derramando hacia abajo, generando más precariedad en las clases populares por ausencia del Estado y fuentes laborales dignas, con serias falencias en lo relativo a la vivienda, la tierra, educación, la alimentación y la salud. Desde la deuda macroeconómica hacia la deuda microeconómica, el endeudamiento de los núcleos familiares, termina funcionando como un gran impulsor de la privatización, y la posterior mercantilización y consecuente financiarización de los bienes comunes, generando un nuevo tipo de  extractivismo: el  financiero (ganancias especulativas extraídas de las clases populares) que se vincula a los históricos extractivismos de bienes comunes, mal llamados recursos naturales,  en los territorios.

Los organismos financieros internacionales y las empresas transnacionales no están en cuarentena y siguen operando aún en pandemia; Profundizan nuestro rol de sociedades exportadoras de naturaleza. En nuestra región y también en Argentina el modelo productivista del desarrollo impuesto desde arriba hacia abajo se  naturaliza, así como la obligación de pagar la deuda externa sin una discusión pública y profunda acerca de su origen y su legitimidad.

La imposición de un relato extractivista y pagador no permite la democratización de las decisiones en los territorios. El pago de la deuda se vincula las exportaciones como generadoras de divisas, y las exportaciones al aumento del extractivismo en los territorios  para generar más commodities para el mercado internacional, cuyos ingresos no son suficientes para una economía en constante crisis que vuelve a endeudarse, en un ciclo sin fin de extracción y endeudamiento.

Cuando se utilizaba para fines desarrollistas, históricamente el préstamo público se redireccionó a mega proyectos vinculados a la extracción de bienes comunes, generando que tanto la deuda como otros mecanismos y herramientas de la arquitectura financiera internacional, como los tratados de libre comercio y los acuerdos resolución de controversias entre los inversores y el estado terminan siendo condicionantes estructurales de los modelos de desarrollo que necesitamos discutir democráticamente en nuestros países. Toda esta arquitectura global se vende como una falsa cooperación internacional donde la Lex mercatoria se encuentra por encima de los Derechos Humanos.

Autor: https://www.elsiglodetorreon.com.mx/

Actualmente existe una campaña multisectorial en la cual muchas organizaciones argentinas solicitamos la suspensión del pago para la investigación de la deuda. Se propone una campaña por la suspensión inmediata del pago de la deuda unido una simultánea realización de una auditoría con participación ciudadana para identificar y anular la parte ilegítima de la deuda, entendiendo a ésta como un mecanismo esencial de subordinación, reconociendo que fue contraída en contra de los intereses de la nación o de la població, que es injusta, inadecuada y abusiva.

El mismo Fondo Monetario Internacional reconoce que es imposible de pagar, y sin embargo concedió el préstamo.  Estos condicionamientos económicos  generan tensiones y contradicciones que claramente no pretenden ser abordadas y solucionadas, y nos hacen visualizar los límites de la democratización de las decisiones soberanas. Argentina nunca fue capaz de consensuar un modelo de desarrollo endógeno y popular, sino más bien siempre el modelo impuesto  benefició a las élites nacionales y sus socios internacionales.

Varias generaciones de argentinos y argentinas convivimos toda la vida con deudas, con crisis cíclicas y estructurales.  Pero a estos hechos históricos, ahora se le suma la crisis mundial provocada por la pandemia. Ni la crisis ni la deuda son únicas.  A esta deuda externa, debemos contraponer necesariamente la deuda ecológica de la que somos acreedores y la deuda interna de cuidados, de la que son acreedoras las mujeres y disidencias. Y a la crisis de salud debemos anteponer la crisis ambiental, social, climática, todas entrelazadas desembocando en una pandemia de la cual se analizan las consecuencias pero no las causas.

Actualmente en este contexto es necesario rediscutir esto una vez más para que las alternativas que parecen utópicas se vuelvan posibles. Una de ellas es el no pago e investigación de la deuda. Generando un nuevo ámbito para la disputa de imaginarios, para cambiar de la vieja normalidad de la precariedad y el ecocidio, a una nueva normalidad para la vida.

En medio de una grave crisis económica y social, agravada por la pandemia y la crisis sanitaria, es fundamental poner la prioridad en los intereses de las mayorías, no del capital financiero. La deuda es con el pueblo; especialmente con las mujeres y con la naturaleza.